La diabetes en perros suele asociarse a la edad, al sobrepeso o a determinados problemas del páncreas. Sin embargo, en las perras no esterilizadas existe otro factor que puede influir bastante: los cambios hormonales que se producen después del celo.
A esto se le llama diabetes del diestro.
El nombre puede sonar muy técnico, pero en realidad hace referencia a algo bastante sencillo: durante las semanas posteriores al celo, el organismo de la perra atraviesa una fase hormonal que puede hacer que la insulina funcione peor.
No les ocurre a todas las perras, ni mucho menos, pero cuando sucede conviene actuar rápido.
¿Qué es exactamente el diestro?
El diestro es la fase que empieza después del celo y dura varias semanas. La perra entra en esta etapa tanto si ha habido gestación como si no.
Durante ese tiempo, el organismo mantiene niveles elevados de progesterona, una hormona que prepara el cuerpo para un posible embarazo. El problema es que esa progesterona también puede favorecer la producción de hormona del crecimiento en el tejido mamario.
¿Y qué tiene que ver eso con la diabetes? Pues que ambas hormonas pueden provocar resistencia a la insulina. Es decir, el cuerpo produce insulina, pero las células no responden a ella como deberían.
La glucosa empieza entonces a acumularse en la sangre porque no consigue entrar correctamente en los tejidos para ser utilizada como energía.
Al principio, el páncreas intenta compensarlo produciendo más insulina. En algunas perras lo consigue y no ocurre nada. En otras, llega un momento en el que ya no puede mantener el azúcar bajo control y aparece la diabetes.
¿Por qué afecta solamente a algunas perras?
El diestro forma parte del ciclo normal de cualquier perra no esterilizada. Pasar por esta fase no significa que vaya a desarrollar diabetes.
Normalmente tiene que existir cierta predisposición.
Puede influir la edad, el sobrepeso, el uso de algunos medicamentos, otras enfermedades hormonales o simplemente la capacidad individual del páncreas para responder a esa resistencia a la insulina.
También puede ocurrir que la perra ya tuviera una alteración leve, todavía sin síntomas claros, y que el cambio hormonal posterior al celo termine por desencadenar el problema.
Por eso, muchas veces los síntomas aparecen unas semanas después y no se relacionan inmediatamente con el ciclo reproductivo.
El celo ya ha terminado, pero hormonalmente su organismo sigue en pleno proceso.
Señales que no deberíamos pasar por alto
Los síntomas de la diabetes del diestro son los mismos que los de cualquier diabetes mellitus.
Lo más habitual es que la perra empiece a beber mucha más agua. El bebedero se vacía antes, busca agua con frecuencia o parece tener sed casi todo el tiempo.
Como bebe más, también orina más.
Puede pedir salir varias veces durante la noche, tener algún escape en casa o hacer una cantidad de pis mucho mayor de la habitual.
También es frecuente que tenga más hambre, pero que, a pesar de comer bien, empiece a adelgazar.
Esto ocurre porque la glucosa está en la sangre, pero no llega correctamente a las células. El cuerpo interpreta que le falta energía y empieza a consumir sus reservas de grasa y músculo.
Además, pueden aparecer cansancio, debilidad, infecciones urinarias, peor calidad del pelo o cataratas. En los perros diabéticos, las cataratas pueden desarrollarse bastante rápido.
No todas las perras muestran todos los síntomas ni lo hacen de golpe. A veces el primer cambio es tan sencillo como tener que rellenar el bebedero dos veces cuando antes bastaba con una.
Y ese tipo de detalle merece una revisión.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre y orina.
Cuando existe una glucosa elevada de forma persistente en la sangre y también aparece glucosa en la orina, junto con síntomas compatibles, podemos confirmar la diabetes.
Pero en estos casos la historia clínica es especialmente importante.
Saber cuándo tuvo el último celo, si está esterilizada, si ha tenido pseudogestaciones o si ha recibido tratamientos hormonales puede cambiar completamente la interpretación del caso.
También suele ser recomendable comprobar si existe una infección urinaria. La presencia de glucosa en la orina facilita el crecimiento de bacterias y algunas infecciones pueden no dar síntomas demasiado evidentes.
Dependiendo de la situación, el veterinario puede solicitar otras pruebas para descartar enfermedades que estén aumentando la resistencia a la insulina.
El tratamiento no consiste solamente en poner insulina
La mayoría de las perras diabéticas necesitan insulina para controlar la glucosa.
El tratamiento requiere cierta regularidad con los horarios de comida, las inyecciones y el ejercicio. Al principio puede parecer complicado, pero con una buena rutina la mayoría de las familias se adapta bastante bien.
En la diabetes del diestro, además, hay que eliminar el estímulo hormonal que está provocando esa resistencia a la insulina.
Por eso suele recomendarse la esterilización.
No se hace únicamente para evitar futuros celos. Al retirar los ovarios, desaparece la producción de progesterona y se reduce uno de los principales factores que están impidiendo que la insulina funcione correctamente.
Eso sí, no siempre se puede operar inmediatamente.
Si la perra llega deshidratada, con la glucosa muy elevada o con alguna complicación, primero habrá que estabilizarla. El momento de la cirugía debe decidirse según su estado general.
¿Puede curarse después de esterilizar?
En algunas perras, sí.
Si la enfermedad se ha detectado pronto y el páncreas todavía conserva suficiente capacidad para producir insulina, la esterilización puede hacer que la resistencia hormonal disminuya y que la glucosa vuelva a controlarse.
En esos casos, la dosis de insulina puede ir reduciéndose e incluso llegar a retirarse.
Pero no siempre ocurre.
Cuando la diabetes lleva tiempo evolucionando, las células del páncreas pueden haber quedado dañadas de forma permanente. La esterilización seguirá ayudando a controlar la enfermedad, pero la perra continuará necesitando insulina.
Por eso insistimos tanto en no esperar.
Cuanto antes se detecte y se retire el efecto hormonal, más posibilidades hay de que la diabetes no se convierta en un problema permanente.
Después de la cirugía hay que vigilar de cerca la glucosa
Cuando desaparece la progesterona, la resistencia a la insulina puede bajar con rapidez.
Esto es una buena noticia, pero obliga a controlar muy bien a la paciente.
Una dosis de insulina que antes era correcta puede empezar a ser demasiado alta después de la esterilización. Si no se ajusta, existe riesgo de hipoglucemia.
La hipoglucemia puede provocar debilidad, temblores, desorientación, falta de coordinación, convulsiones o pérdida de conocimiento.
Por eso no debemos modificar la insulina por nuestra cuenta, aunque la perra parezca encontrarse mucho mejor. Los cambios deben hacerse con controles y siguiendo siempre las indicaciones del veterinario.
¿Qué pasa si la diabetes no se trata?
Una diabetes sin controlar va mucho más allá de beber y orinar demasiado.
Con el tiempo, la perra pierde peso, masa muscular y energía. También aumenta el riesgo de infecciones, cataratas y alteraciones hepáticas.
La complicación más grave es la cetoacidosis diabética.
Cuando el cuerpo no puede utilizar la glucosa, empieza a quemar grandes cantidades de grasa para obtener energía. En ese proceso se producen cuerpos cetónicos que pueden acumularse y alterar seriamente el equilibrio del organismo.
Una perra con cetoacidosis puede dejar de comer, vomitar, estar muy débil, deshidratarse o respirar de forma extraña.
Es una urgencia veterinaria.
Si una perra ha tenido el celo recientemente y empieza a beber mucho, adelgazar o encontrarse apagada, no conviene esperar unos días “a ver si se le pasa”.
¿Se puede prevenir?
La esterilización evita los ciclos hormonales y, por tanto, elimina el riesgo específico de desarrollar diabetes asociada al diestro.
También previene otras enfermedades importantes, como la piometra, una infección uterina grave que aparece con frecuencia después del celo.
La decisión de esterilizar debe valorarse siempre de forma individual, teniendo en cuenta la edad, la raza, el estado de salud y las circunstancias de cada perra.
En aquellas que no están esterilizadas, lo más importante es estar atentos a los cambios que aparecen después del celo.
También conviene mantener un peso adecuado y evitar el uso de tratamientos hormonales para retrasar o suprimir el celo salvo que estén estrictamente indicados y controlados por un veterinario.
Algunos de esos medicamentos pueden aumentar la resistencia a la insulina y favorecer la aparición de diabetes, además de provocar otros problemas.
No todo lo que ocurre después del celo es “normal”
Tras el celo pueden aparecer cambios de comportamiento, aumento de las mamas, producción de leche o síntomas de pseudogestación. Son situaciones relativamente frecuentes.
Pero beber muchísimo, orinar sin parar o perder peso no son cambios normales del ciclo.
A veces nos acostumbramos poco a poco.
Pensamos que bebe más porque hace calor, que pide salir porque se está haciendo mayor o que ha adelgazado porque está más activa.
Y puede ser algo tan sencillo como eso. Pero también puede ser el principio de una diabetes.
Si tu perra no está esterilizada y notas alguno de estos síntomas, cuéntanos cuándo tuvo su último celo. Aunque hayan pasado varias semanas, sigue siendo un dato muy importante.
En Madivet podemos realizar las pruebas necesarias, valorar si existe una alteración hormonal y acompañaros durante todo el proceso.
Porque muchas veces detectar la diabetes a tiempo empieza simplemente por darse cuenta de que el bebedero se está vaciando demasiado rápido.
