Desparasitación mensual en los meses de calor: cuidado con la filaria

Con el buen tiempo llegan los paseos más largos, las tardes en el parque, las escapadas al campo y, para los más afortunados, ¡algún que otro viaje a la playa!

Pero el calor también trae de vuelta a unos visitantes bastante menos agradables: pulgas, garrapatas y mosquitos.

Durante estos meses debemos prestar especial atención a la desparasitación de nuestros perros y gatos. No solamente porque haya más parásitos en el ambiente, sino porque algunos de ellos pueden transmitir enfermedades importantes. En esta época del año, una de las que más nos preocupa es la filaria, también conocida como la enfermedad del gusano del corazón.

¿Qué es la filaria?

La filaria es una enfermedad parasitaria causada por un gusano llamado Dirofilaria immitis. Se transmite a través de la picadura de determinados mosquitos y afecta principalmente a los perros, aunque los gatos también pueden infectarse.

El proceso comienza cuando un mosquito pica a un animal portador del parásito. Más adelante, al picar a otro animal, puede depositar unas pequeñas larvas bajo su piel. A partir de ese momento, esas larvas comienzan a desarrollarse y a desplazarse por el organismo.

Con el paso de los meses, los parásitos adultos pueden llegar a alojarse en las arterias pulmonares y afectar seriamente a los pulmones y al corazón. De ahí que muchas personas conozcan esta enfermedad como «el gusano del corazón».

Conviene aclarar algo que suele generar dudas: la filaria no se transmite directamente de un perro a otro. No se contagia por compartir bebedero, jugar juntos, olisquearse o dormir en la misma cama. Para que se produzca la transmisión tiene que intervenir un mosquito.

Una enfermedad que puede pasar desapercibida

Uno de los principales problemas de la filaria es que no siempre da la cara desde el principio.

Durante las primeras fases, el animal puede hacer vida completamente normal. Come, juega, corre y parece encontrarse bien, aunque el parásito ya esté desarrollándose en su organismo.

Los síntomas suelen aparecer cuando la enfermedad ha avanzado. Podemos observar que el perro se cansa más de lo habitual, tose, evita correr, respira con dificultad o necesita parar durante paseos que antes hacía sin ningún problema. En los casos más graves puede haber pérdida de peso, debilidad, desmayos o acumulación de líquido en el abdomen.

Estas señales pueden deberse a muchas causas diferentes, no únicamente a la filaria. Aun así, cualquier cambio en la respiración, la energía o la resistencia física de nuestro animal merece una revisión veterinaria.

Esperar a que aparezcan síntomas no es una buena estrategia. Frente a la filaria, la prevención resulta mucho más sencilla y segura que el tratamiento de una infección ya desarrollada.

¿También puede afectar a los gatos?

Sí. Aunque el perro es el principal hospedador de este parásito, los gatos también pueden infectarse.

En ellos, la enfermedad se comporta de una manera distinta y puede resultar más difícil de detectar. Además, no es necesario que haya una gran cantidad de gusanos para que aparezcan problemas respiratorios importantes.

A veces pensamos que un gato que no sale de casa está completamente protegido. Sin embargo, un mosquito puede entrar por una ventana, una terraza o una puerta abierta. Vivir dentro de casa reduce algunos riesgos, pero no los elimina por completo.

Por eso, la necesidad de protección debe valorarse individualmente, teniendo en cuenta dónde vive el gato, si tiene acceso al exterior, la presencia de mosquitos en la zona y su estado de salud.

¿Por qué es tan importante la desparasitación mensual?

Existen antiparasitarios que actúan frente a las fases inmaduras de la filaria, antes de que puedan transformarse en gusanos adultos.

Muchos de estos tratamientos se administran una vez al mes durante el periodo de riesgo. Aunque pueda parecer que retrasarse unos días no tiene demasiada importancia, es fundamental respetar la pauta indicada. La protección funciona correctamente cuando existe continuidad.

Aquí suele aparecer uno de los grandes clásicos de cualquier casa con animales:

—¿Le dimos la pastilla este mes?
—Creo que sí.
—¿Seguro que no fue el mes pasado?

Para evitar dudas, lo más práctico es elegir siempre el mismo día, apuntarlo en el calendario o programar un recordatorio en el móvil. Es un gesto muy pequeño que puede evitar un problema serio.

Además, no debemos administrar el tratamiento solamente cuando vemos muchos mosquitos o después de haber viajado al campo. La prevención debe comenzar antes o al inicio del periodo de actividad de estos insectos y mantenerse durante el tiempo indicado por el veterinario.

No todos los antiparasitarios protegen frente a lo mismo

Este punto es especialmente importante.

Utilizar un collar, una pipeta o un comprimido no significa necesariamente que nuestro animal esté protegido frente a todos los parásitos. Cada producto tiene unas indicaciones concretas y cubre unos riesgos determinados.

Un tratamiento puede actuar frente a pulgas y garrapatas, pero no frente a la filaria. Otro puede repeler mosquitos, pero no eliminar las larvas que ya hayan entrado en el organismo. También existen productos destinados a los parásitos intestinales que no ofrecen protección frente a los externos.

Por eso no conviene elegir un antiparasitario únicamente porque nos lo haya recomendado otra persona o porque le funcione bien a su perro. La edad, el peso, la salud y el estilo de vida de cada animal son diferentes.

También influye mucho el lugar en el que vive, si viaja, si frecuenta zonas de campo, si pasa tiempo en jardines, si duerme en el exterior o si suele acercarse a ríos, embalses y áreas con agua.

La mejor opción es establecer un plan antiparasitario adaptado a sus riesgos reales. De esa forma evitamos tanto quedarnos cortos en la protección como utilizar productos que no necesita.

¿Un repelente de mosquitos es suficiente?

Los productos con acción repelente son una ayuda muy importante, ya que reducen la posibilidad de que el mosquito llegue a picar. Sin embargo, frente a la filaria puede ser necesario combinar esa protección externa con un tratamiento preventivo específico.

Una cosa es intentar evitar la picadura y otra impedir que las larvas se desarrollen si finalmente se ha producido.

En casa también podemos ponerles las cosas un poco más difíciles a los mosquitos. Conviene vaciar recipientes en los que se acumule agua, revisar platos de macetas, cubos y bebederos exteriores, mantener limpios patios y jardines y utilizar mosquiteras siempre que sea posible.

En las zonas con muchos mosquitos también puede ayudar evitar los paseos junto a aguas estancadas durante las horas en las que estos insectos están más activos.

Todas estas medidas suman, pero no sustituyen al tratamiento veterinario.

Me he olvidado de una dosis, ¿qué hago?

Puede pasar. Las semanas vuelan, llegan las vacaciones, cambian las rutinas y de pronto nos damos cuenta de que la fecha de la desparasitación quedó atrás.

Si te has retrasado o has interrumpido el tratamiento durante un tiempo, no dupliques la siguiente dosis ni combines varios productos para «compensar».

Lo adecuado es consultar con el veterinario y explicar cuánto tiempo ha pasado desde la última administración. Dependiendo del producto utilizado, del tiempo transcurrido y del riesgo de exposición, te indicará cómo retomar la prevención.

En algunos casos puede ser aconsejable realizar una prueba antes de comenzar o reiniciar el tratamiento. Esto es especialmente importante cuando el animal lleva varios meses sin protección o ha vivido o viajado a una zona de riesgo.

Más vale prevenir que tener que tratar

La filaria puede causar daños importantes en las arterias pulmonares, los pulmones y el corazón. Una vez que los gusanos han alcanzado la edad adulta, el tratamiento es más largo, complejo y delicado que la prevención mensual.

Por eso insistimos tanto en mantener las pautas al día, incluso cuando nuestro perro o gato parece estar perfectamente.

No vemos las larvas, no siempre notamos la picadura del mosquito y durante mucho tiempo puede no haber síntomas. Pero precisamente por eso la prevención resulta tan importante.

Este verano, antes de preparar la maleta, organizar las vacaciones o buscar nuevas rutas para pasear, dedica unos minutos a revisar la protección antiparasitaria de tu compañero.

Comprueba cuándo recibió su última dosis, qué parásitos cubre el producto que utilizas y si necesita una protección específica frente a la filaria.

En Madivet podemos revisar su pauta actual, valorar sus factores de riesgo y recomendarte la opción más adecuada para él.

Porque el verano está para disfrutarlo. Y mucho mejor si lo hacemos sin invitados indeseados.

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