La magia de la socialización: Un viaje hacia la armonía en el mundo canino

¡Bienvenido, Madivetero!

Ya sea que estés a punto de traer a casa a tu nuevo compañero peludo o que ya lo tengas revoloteando por ahí, esto te interesa. Hoy, hablaremos sobre algo crucial para el adecuado desarrollo físico y emocional de tu amigo de cuatro patas: ¡Prepárate para sumergirte en el emocionante mundo de la socialización canina! 

¿Qué es la socialización canina?

La socialización es la escuela de los cachorros, donde aprenden todo lo necesario para vivir y relacionarse. Ojo, es tan importante, que aprenderán tanto lo bueno como lo malo que se les enseñe. De ahí, la importancia de que se lleve a cabo de forma correcta, empezando por pasar el tiempo suficiente con su madre y hermanos (mínimo 8 semanas), siguiendo por el criador (que debería prepararle para los futuros cambios de manada y entorno), y continuando por nosotros, su familia definitiva, con la que convivirá el resto de su vida. 

La palabra clave aquí es «impronta». ¿Qué es? 

La impronta es el conjunto de lecciones cruciales para poder relacionarse con otros seres vivos, que, desde su nacimiento, el cachorro aprende de su madre, hermanos y otros perros adultos de la manada: cómo relacionarse, límites en los juegos y control de mordida… Son de vital importancia para el cachorro, por lo que siempre que sea posible, resiste la tentación de separar al cachorro antes de tiempo de su manada (recuerda, mínimo 2 meses) y deja que se convierta en un peludo más equilibrado y saludable de forma natural. 

Quien bien empieza, ¿bien acaba?

Diremos que sí, siempre que cada parte implicada en el proceso haga su tarea. Empezando por el criador, que antes de que el cachorro llegue a este mundo, debe haber hecho su tarea, estudiando cada cruce a fondo, desde la compatibilidad y corrección de defectos en la morfología (tamaño, posibles enfermedades hereditarias), pruebas de salud, COI, hasta el temperamento de los padres (sobre todo el de la madre, a la que imitarán más). 

Esto no quiere decir que de padres “equilibrados”, salgan cachorros “equilibrados” (así, por arte de magia); sino que habrá una cierta predisposición que, sumada a nuestro trabajo, hará de nuestros peluditos seres más equilibrados y saludables.  

¿Cuándo empezamos?

Como hemos dicho, se aprende desde el nacimiento y es un proceso que dura toda la vida.  Pero es cierto que entre las 3 y 14 semanas se abre una ventana de aprendizaje crítica. Esto quiere decir que durante ese tiempo, el cachorro tendrá una predisposición natural al aprendizaje que, de otra forma, llevaría más tiempo aprender o resultaría más delicado. ¿Esto quiere decir que si adoptamos un perro adulto no podremos enseñarle a socializar de forma adecuada? No, solo que, como todos los aprendizajes, cuanto antes mejor. Te dejamos más abajo algunos consejos sobre cómo proceder en ese caso.

Trabajo en equipo

Criador, manada y familia son todos fundamentales. El criador deberá comenzar la socialización de los cachorros, junto con su manada, desde el nacimiento hasta ser entregados en adopción y nosotros deberemos continuarlo en casa. 

Todo criador que se precie deberá exponer cuidadosamente a los cachorros a una gran variedad de estímulos, personas, lugares y situaciones desde su nacimiento, respetando siempre sus fases de desarrollo y sensibilidades individuales. Comenzará suavemente, aumentando gradualmente la intensidad, siempre dentro de límites seguros para asegurar una experiencia positiva y enriquecedora.

Entrena cuerpo y mente: Estimula sus sentidos dentro y fuera de casa

En las primeras semanas, incluso antes de que abran los ojos, el cachorro debería ser expuesto a un festival sensorial. Música suave, diferentes sonidos y voces, caricias y manipulación de sus extremidades (orejas, patas, boca y cola), cambios de entorno, temperatura y texturas, olores y una intensidad de luz progresiva: todo cuenta. 

Pasadas las primeras semanas de adaptación, tu cachorro deberá tener su primera visita al veterinario. ¡Empieza la etapa de las vacunas! Haz que las visitas al veterinario sean una experiencia positiva, con visitas cortas y agradables, no solo cuando esté enfermo. ¡Prémialo con golosinas y cariño para que asocie al veterinario con cosas buenas!

Organiza salidas cortas y controladas una vez se inicien las vacunas (aunque no las tenga todas, siempre que el veterinario así te lo indique), pero recuerda evitar zonas de riesgo, como pipicanes, hierba, así como evitar que olfatee orines o deposiciones y las interacciones con perros desconocidos hasta que esté totalmente vacunado (recuerda que entre la vacunación y su efecto pasarán unos días).  

Ten en cuenta que son pequeñitos, se cansan rápido y pueden asustarse o sentirse incómodos. Si esto ocurre, es mejor volver a su zona de confort y no sobreexponerlos, para que no resulte traumático. Si la madre viene con nosotros, ten siempre presente que su instinto de protección puede provocar un comportamiento reactivo frente a otras personas o animales. ¡Ojo con eso!

Juguetes y premios, la clave del éxito

Recuerda que los paseos no son solo para hacer sus necesidades, también son una fuente inagotable de aprendizaje y estimulación, básicos para la socialización de tu cachorro. 

Exponlo a diferentes estímulos, olores y sonidos, explora diferentes vecindarios, parques y áreas concurridas. Asegúrate de que se acostumbre a ver bicicletas, niños jugando, y otros perros dando vueltas, al ajetreo y el bullicio de la ciudad, así como la tranquilidad de la naturaleza. 

Usa juguetes y golosinas como herramientas para reforzar el buen comportamiento durante las interacciones sociales. Lo ideal sería interactuar solo con seres equilibrados (peludos y humanos), pero como no siempre es posible, recuerda que es tu deber actuar y proteger a tu pequeño de cualquier riesgo o comportamiento que le haga sentir incómodo, aunque escuches el típico «solo está/estoy jugando»; Si tu cachorro no está a gusto, simplemente llévatelo. Da igual lo que opinen los demás, ¡la prioridad es el bienestar de tu cachorro!

NO HAGAS PELLAS, llévalo a la escuela

Cuanto antes, mejor. Existen clases de preadiestramiento donde podrás iniciarte en la bonita tarea de educar a tu cachorro desde su llegada a casa. No solo aprenderá comandos básicos que harán vuestra vida más fácil y segura, sino que también perfeccionará sus habilidades sociales, bajo la atenta mirada de un profesional. ¡Y será una excelente oportunidad para que tú y tu cachorro reforcéis vuestro vínculo!

Recuerda, una buena socialización es crucial para el bienestar general de tu peludo, y aunque debe iniciarse desde el nacimiento, es una responsabilidad que continúa en casa y dura toda la vida.

¡Así que adelante, aventurero perruno! Con entrega, responsabilidad, paciencia y amor, verás convertirse a tu compañero peludo en un perro seguro de sí mismo y listo para enfrentar el mundo.

Puppy parties

Y aquí viene la parte más divertida y adorable: ¡las Puppy Parties! Encuentros de mini peluditos donde no puedes dejar de sonreír y querrías dejarte llevar por tu niño interior para echarte al suelo y jugar con todos ellos. ¡Noticia!, ¡puedes hacerlo! Ya que estas clases no son solo para tu cachorro, sino también para ti: su guía. Mientras tu peludito se relaciona con otras personas, olores, objetos, ambientes y perros de su edad de forma controlada, y siempre bajo la supervisión de un profesional que corregirá cualquier comportamiento inadecuado, tú aprenderás a leer a tu peludo, recibirás consejos sobre su educación y conocerás a otros dueños de peluditos con los que poder cambiar impresiones, socializar y pasar un buen rato. 

¡Pregunta a tu veterinario o entrenador canino sobre cuándo y dónde tendrán lugar y lánzate a pasar un rato enriquecedor, adorable y divertido!

¿Y si hemos adoptado un perrete adulto ya?

Enhorabuena, tendrás un compañero igual de maravilloso con el que compartir la vida. Adoptar a un perro adulto es un acto hermoso y de extraordinaria valentía, pero no exento de retos y necesidad de trabajo y entrenamiento por nuestra parte. La socialización sigue siendo esencial. Aquí te dejamos algunos consejos para ayudar a tu nuevo amigo a adaptarse a su nuevo hogar y a la sociedad perruna.

1. Comprende su historia: Los perros adoptados pueden venir con historias diversas. Algunos pueden haber tenido experiencias negativas, así que sé paciente y comprensivo. Infórmate sobre su pasado antes de adoptar para entender mejor sus necesidades sociales y si podrás cubrirlas adecuadamente. 

2. Encuentros graduales: Los perros adoptados pueden necesitar tiempo para confiar en nuevos humanos y compañeros caninos. No los fuerces a interactuar, deja que vayan marcando su propio ritmo y consulta a tu veterinario o entrenador canino sobre cómo proceder si tienes dudas. Puedes empezar por organizar encuentros en un entorno neutral con otros amigos perrunos y que se huelan y observen a distancia antes de una interacción directa.

3. Clases de socialización: No subestimes el valor de las clases de obediencia y socialización, ¡incluso para perros adultos! Estas clases brindan un ambiente estructurado para aprender nuevas habilidades y socializar con otros perros de forma controlada, además de ofrecer oportunidades para que tú y tu perro creéis un vínculo más fuerte.

4. Construir confianza: La confianza es clave para la socialización de un perro adoptado. Crea un ambiente seguro y predecible para ayudar a tu nuevo amigo a sentirse cómodo.

Establece rutinas diarias para la alimentación, paseos y juego. Cuanto más predecible sea su entorno, más seguro se sentirá.

¿Por qué es necesario hacerlo bien?

Porque una buena socialización es esencial para el bienestar emocional y mental de tu amigo peludo. Un perro socializado es más feliz, menos propenso a comportamientos no deseados y más adaptable a diversas situaciones. Además, reduce el riesgo de problemas de comportamiento en el futuro.

Cómo hacerlo bien

Hacerlo bien implica paciencia, exposición gradual, refuerzo positivo y comprensión de las necesidades individuales de tu perro. Ya sea un cachorro lleno de energía o un perro adoptado con una historia única, la clave es adaptar el enfoque a su personalidad y experiencias pasadas.

Así que, ya sea que estés enseñando a tu cachorro las alegrías de la vida o ayudando a un perro adulto a sanar y confiar de nuevo, recuerda que la socialización es un viaje continuo y un trabajo de equipo entre criador, familia y entorno. Pide ayuda si la necesitas y ¡hagamos del mundo canino un lugar más feliz para todos! 

¡Nos vemos en la siguiente aventura canina!

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